LUNES, 23 DE MARZO DE 2015
La nueva Ley de Productividad, ¿otra tomadura de pelo?

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“Creer que por el solo hecho de decretar una ley y fijar un panel de expertos con planes y proyectos la economía mexicana será más productiva y competitiva, es simplemente ridículo.”


La semana pasada se aprobó en el Senado de la República la llamada Ley de Productividad y Competitividad. El pleno del Senado aprobó por unanimidad la creación de la ley para impulsar el incremento sostenido de la productividad y la competitividad de la economía mexicana que obligaría a la elaboración de una política nacional de productividad. Con 20 votos a favor de las bancadas del PRI, PAN, PRD, PVEM y PT, la legislación establece que este plan de productividad tendrá que ser elaborado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la Secretaría de Economía (SE) y un Comité de Productividad (estaría integrado por especialistas en el tema, empresarios y funcionarios). La ley fue turnada a la Cámara de Diputados para su revisión y en su caso aprobación.

Aplaudo todo intento de buscar que se incremente la productividad de los factores de la producción (entendida ésta como el uso eficiente de los recursos para producir más en menor tiempo y costo), sobre todo porque en los últimos años dicha productividad ha sido raquítica en casi todos los sectores de la producción que integran a la economía mexicana.

No obstante lo anterior, el asunto principal es el cómo lograr que los sectores productivos de la economía mexicana sean más productivos y competitivos. Y aquí es donde me temo aparecen los problemas. Como coloquialmente se dice, en los detalles está el diablo.

Mucho me temo que nuestros legisladores siguen engañados y confundidos. Creer que por el solo hecho de decretar una ley y fijar un panel de expertos con planes y proyectos la economía mexicana será más productiva y competitiva, es simplemente ridículo. Equivale a escribir una carta a los santos reyes deseando tener más riqueza, cuando el asunto no es de deseo sino de generar la misma, y para ello una cartita no sirve de nada.

El legislador mexicano sigue con mentalidad del planificador social benevolente, esa que piensa que los problemas económicos se arreglan con el simple hecho de crear una ley. Así las cosas, bastaría con crear la Ley contra la Pobreza y la Desigualdad para terminar con las mismas en México y ser un país lleno de ricos y exitosos. Creer que los problemas se arreglan por decreto es una verdadera tomadura de pelo. Ahí está nuestra negra historia económica, eso sí, llena de planificación central y buenas intenciones de los gobernantes.

Otra vez el intento de planificar centralmente. No les ha bastado con sus fallidos planes de desarrollo (igualitos que los planes quinquenales de industrialización soviética). Y lo peor, veo que en el panel habrá empresarios y burócratas del gobierno. Qué mejor caldo de cultivo para diseñar políticas proteccionistas y subsidiarias al sector privado para protegerlo de la competencia internacional. Ojalá no se repita este esquema nefasto que tanto añoran las cámaras empresariales como Concamin y Canacintra.

¿Políticas de fomento económico? ¿Políticas industriales de cadenas productivas? Eso me huele al viejo priísmo de Miguel Alemán Valdés, en donde el estatismo alcanzó niveles enfermizos. Me huele a sustitución de importaciones, el Estado que subsidia al sector privado (con los recursos de los contribuyentes claro está), sube aranceles contra la competencia internacional, prohíbe importaciones que “dañan al sector productivo mexicano”, monopoliza todo tipo de actividades productivas (minería, energéticos, telecomunicaciones, transporte y un larguísimo etcétera) y crea enormes y costosos bancos de desarrollo que sólo terminan en la corrupción y la quiebra (otra vez con recursos del Erario). Esto me huele al viejo estatismo gubernamental.

Es una verdadera falacia pensar que el capitalismo de estado sacará adelante a la economía mexicana. Los comités de sabios en materia de productividad son un fiasco por una pequeña razón: ningún hombre, por sabio y preparado que sea, conoce todos los precios de una economía. El planificador central benevolente ha demostrado ser un verdadero desastre en la historia económica de los países. Sólo recuérdese el colapso del socialismo soviético y sus países satélites.

Si la intención es copiar una parte del capitalismo exitoso asiático (como el de los países llamados tigres), deberían recordar que la mayoría de los sectores económicos prósperos se desarrollaron solos, en ambiente de competencia internacional y sólida formación de capital humano, no por la voluntad de unos cuantos burócratas del gobierno y del sector privado. Hubo enormes costos de los llamados comités y planes de desarrollo desde arriba en el sudeste asiático.

Parece que los políticos no le entienden al capitalismo. El capitalismo sano nace desde abajo, desde que una pequeña unidad productiva comienza a crecer por el ambiente de competencia y actitud de sus socios emprendedores hasta convertirse en gigantes de la economía mundial y en grandes centros de innovación (Microsoft, Apple, Samsung, Wal Mart, Sony, etc. comienzan desde cero y el ambiente de competencia intenso los obliga a innovar -innovar o morir- y consolidarse). Las marcas más exitosas del orbe deben su éxito al ambiente intenso de competencia que les obliga a innovar, a ser mejores y más competitivos, jamás a algún planificador central benevolente como lo es el gobierno.

En México los sectores de manufactura más exitosos están vinculados con el comercio exterior en un ambiente de intensa competencia. Cuando en el llamado proceso de sustitución de importaciones (modelo económico que comenzó en los años cincuentas y culminó por su enorme costo en los años setentas) el gobierno escogía qué sectores industriales eran los que había que desarrollar, a qué sectores económicos se debería subsidiar y proteger, qué tecnologías escoger (igualito que lo que está escrito por la nueva ley del Senado), a qué emprendedores apoyar, etc. lo único que lograban era la creación de monopolios ineficientes muy pero muy alejados de la innovación y que sólo ofrecían productos caros y de baja calidad.

Si quieren desarrollar capitalismo desde arriba, desde el gobierno en colusión con “expertos” y empresarios se van a llevar una desagradable sorpresa. Estas estrategias de planificación central sólo se traducen en capitalismo de compadres o de grupos empresariales pequeños todo poderosos y oligarcas en complicidad con el gobierno (es nuestro capitalismo que impera en México, el de compadrazgo de intereses de unos cuantos empresarios poderosos con los señores del gobierno; así todos ellos ganan, pero los millones de consumidores-la mayoría del pueblo- perdemos rotundamente en calidad y precio).

Si los señores legisladores quieren que la economía mexicana sea más productiva y competitiva, que empiecen por bajar los impuestos (en eso el comité de sabios está acotado), reducir la enorme regulacionitis que padece el aparato productivo, eliminar la gran discrecionalidad de los tramites gubernamentales para operar y hacer negocios, mejorar la protección de los derechos privados de propiedad, y por supuesto, adelgazar al gobierno que está plagado de burócratas parasitarios (no pasa de ser un gobierno obeso, ineficiente e ineficaz).

Y lo mismo con el Estado de Derecho que en México no pasa de ser de chueco; si no se mejora la calidad en la impartición de justicia, así como en materia de seguridad pública, y no se frena el enorme dispendio gubernamental (que no ofrece bienes públicos de calidad como la infraestructura), ningún plan quinquenal o de desarrollo o comité de expertos detonará la productividad de las empresas en México. Igualmente con el sector educativo, que sigue formando analfabetas funcionales, autómatas con mentalidad de empleado y con animadversión a todo lo que huela a emprender un negocio capitalista.

Mucho me temo que esto es otra tomada de pelo. Ojalá me equivoque.

• Problemas económicos de México • Productividad / Competitividad

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