MARTES, 16 DE JUNIO DE 2015
Presupuesto cero a los partidos políticos

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“Varios candidatos independientes ganadores demostraron que se puede alcanzar el poder sin abusar de los recursos públicos. Esta demostración debe ser la antesala para diseñar leyes que le quiten todo recurso público a la clase política.”


Hace unos meses tuve el honor de tener como invitado en un evento académico al Senador Francisco Búrquez Valenzuela (pariente de nuestro querido amigo y colega Ricardo Valenzuela quien también escribe en Asuntos Capitales).

En su turno de participación el senador Búrquez no se echó rollo sobre los políticos y el “bien común”, o sobre la “solidaridad y el bien colectivo”, ese discurso demagógico que tanto les encanta a los políticos mexicanos. El senador Búrquez se fue a la yugular del sistema político mexicano. Búrquez señaló que de nada sirve que un buen ciudadano se convierta en político, tarde o temprano emulará los vicios de los políticos tradicionales. Es decir, un ciudadano aún con buenos principios ya metido en la política termina haciendo las mismas asquerosidades de la clase política convencional. 

Supongo que los ideales del senador se deben a que antes de ser político él ha sido un exitoso empresario sonorense y por su sangre corren torrentes liberales. Y no se equivoca, algunos buenos ciudadanos ya metidos en la política terminan corrompiéndose. El poder corrompe, el poder absoluto corrompe más.

El problema no es de buenos o malos ciudadanos haciendo política, sino del contexto institucional que rodea, que rige al sistema político mexicano. El problema son las reglas del juego político como diría el gran James Buchanan. 

En México evolucionamos de la dictadura de un partido hegemónico como el PRI que siempre gobernó para sus respectivas corporaciones y grupos de interés (sindicatos, cámaras empresariales, líderes en el campo, profesionistas agrupados en grupos colegiados, y un largo etcétera de mafias de grupo) hacia un México democrático que jamás se sacudió de la inercia corporativa. Y lo peor, en la transición democrática, los políticos sacaron la mejor tajada del pastel, una enorme cantidad de dinero del presupuesto público para sus arcas. Así las cosas, el crear o sostener un partido político se volvió el negocio jugoso de unos cuantos vivales y parásitos.

Los partidos políticos recibieron en el último año fiscal más de 5 mil millones de pesos. El nuevo “monstruo” electoral llamado INE (que sustituyó al IFE) cuesta poco más de 18 mil millones de pesos (no acabo de entender por qué los consejeros electorales ganan casi lo mismo que el presidente de la república). La democracia mexicana y los políticos cuestan muchísimo a la sociedad mexicana. Por eso muchos con ganas de votar se abstienen o anulan su voto, lo que le conviene más a la costosa partidocracia.

Es un avance que algunos candidatos independientes hayan triunfado utilizando pocos recursos comparados con los que utiliza y recicla la partidocracia. Pero eso está lejos de ser la solución. 

Debemos exigir los ciudadanos que no haya un sólo recurso público para los partidos (si eso sucede ya vería el lector cómo se desinflan los caudillos como López Obrador y su nueva corporación parasitaria y populista Morena). Si los partidos políticos quieren el poder que recauden sus propios fondos. Si el narco o los empresarios que viven de la ubre gubernamental quisieran aprovechar esta nueva regla, es fácil detectarlo, como hoy lo hace el SAT con las cuentas bancarias de los contribuyentes. 

Y para poner otro candado más, debemos exigir que se vuelva obligatorio para todo político contendiente al poder el mostrar su declaración patrimonial, su declaración de impuestos y si tiene algún conflicto de interés con el puesto al que aspira. Esta nueva regla cerraría la puerta a los empresarios buscadores de rentas de la ubre gubernamental y a los criminales del narcotráfico. Hoy día con los presupuestos millonarios que manejan los partidos, ya el narco se les ha infiltrado y ha sido capaz de tener de cómplices a distintos gobernantes. Es hora de cambiar estos incentivos perversos.

Nada de dinero público a los partidos, si quieren el poder que boteen. En las democracias más avanzadas, uno, o no hay dinero público y los mítines son para recaudar fondos (nada de mítines para entregar saquitos de cemento, tamalitos, prometer bequitas o dar laminitas) o dos, los presupuestos son austeros y sólo son para debatir en los medios de comunicación, nada para publicidad, mantas y carteles y fotos de los políticos.

Varios candidatos independientes ganadores demostraron en esta elección que se puede alcanzar el poder sin abusar de los recursos públicos. Esta demostración debe ser la antesala para diseñar leyes que le quiten todo recurso público a la clase política.

Por supuesto, los políticos tradicionales no harán nada al respecto, al contrario, pienso que intentarán levantar más las barreras de entrada a los candidatos independientes. Tenemos que ser las agrupaciones de la sociedad civil y los medios de comunicación los que presionemos para que esto sea una realidad. 

Por todo lo anterior es preciso unirnos en las redes sociales para exigir que se elimine todo recurso público a las agrupaciones políticas. Si quieren el poder que les cueste. De no hacerlo, los candidatos independientes terminarán comportándose como los políticos tradicionales. 

Lamentablemente en esto el senador Búrquez tiene toda la razón.

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