Asuntos Económicos
Abr 25, 2016
Godofredo Rivera

Nuevamente “atole con el dedo” en materia de drogas

Otra vez y como siempre, los mexicanos nos quedamos rezagados frente a la creciente legalización y modernización de las leyes en materia de drogas.

De nuevo, el gobierno mexicano nos da atole con el dedo en materia de drogas. Se permite mayor dosis en el consumo de marihuana, ah, pero la producción y la comercialización quedan prohibidas. Nuevamente nos sale este gobierno con su paternalismo y nos impone su moral. Y lo peor, al gobierno se le olvida que para que un mercado sea eficiente, la demanda y la oferta deben estar libres de cualquier restricción, y que sea el mecanismo de precios el que permita a los agentes económicos asignar recursos y tomar decisiones eficientes.

Ya antes lo habíamos señalado, cada vez que el gobierno no quiere que avance una legislación liberal en cualquier materia de políticas públicas, convoca a “serias” discusiones en el Congreso. La convocatoria de Peña no fue más que atole con el dedo sobre un tema que se ha discutido en países más avanzados en la materia desde hace varias décadas. Así se las gastan estos gobernantes.

Y lo peor, desde la oposición panista se plantea crear al “Pemex” de las drogas, sí a un monopolio que controle toda la cadena de producción. De verdad, que los políticos dan lástima. Les recuerdo a los gobernantes lo siguiente en materia de mercados (incluyendo al de las drogas):

  • No es el gobierno mi papá para andarme vigilando si consumo drogas o no. 

  • No es papel del gobierno el fungir como único y exclusivo oferente de drogas. Eso es una práctica monopólica que no le conviene a ningún consumidor (como en cualquier mercado).

  • Legalizar no significa la ley de la selva. Implica que los consumidores son plenamente libres de adquirir las dosis que quieran así como la droga que desean. Es como si el gobierno quisiera limitarme el consumo de carne de cerdo por contener mucho colesterol para mi cuerpo. Legalizar es poner reglas para los oferentes y los demandantes, no prohibiciones moralistas.

  • El debate sobre legalización de las drogas (cuáles conviene y cuáles no) y su consumo se vuelve estéril a menos que se entienda que la drogadicción no es asunto de prohibición y castigo, sino de una educación de mayor calidad y sobre todo es un asunto de prevención que debería empezar por la familia antes que por el gobierno.

  • El debate sobre legalización de las drogas es estéril si no se entiende que el narcotráfico no es delito por su propia naturaleza (con excepción cuando se afecta a un tercero), a diferencia del asesinato, el secuestro, la violación, el robo y el fraude. El narcotráfico puro, implica dar algo a cambio de dinero, en este caso la droga misma. En el robo o secuestro, el delincuente no da nada a cambio, al contrario, sólo despoja y lastima a la víctima. Por eso la guerra contra las drogas de los gobiernos está simplemente perdida. Es mil veces más fácil detener y arrestar a un narcotraficante que extorsiona o secuestra que por el solo hecho de vender drogas (en especial porque la policía recibe parte de las ganancias del botín que se lleva el narcotraficante). Insistimos, la pura persecución de los oferentes de droga no ayuda en mucho, en especial por ser un asunto de oferta y demanda. Es más fácil detener a un delincuente que afecta a terceros que a alguien que intercambia en un mercado, por más ilegal que éste sea.

  • El debate sobre legalización de las drogas es estéril si no se entiende que legalizar es reglamentar, conocer a los participantes del mercado (y que claro, que paguen sus respectivos impuestos), que legalizar no es dejar todo a la anarquía y dejar con ello expuestos a niños y jóvenes.

  • La producción de drogas (a veces el consumo también) está prohibida en muchos países desde hace siglos. El asunto es que por más duras que sean las prohibiciones, siempre ha habido alguien dispuesto a pagar por la misma, lo que incentiva automáticamente la oferta (alguien también dispuesto a ofrecer). En este caso el precio se vuelve fundamental. Una mayor demanda de drogas presiona su precio al alza lo que da señal a otros agentes económicos de que es rentable producirlas y ofrecerlas. Viceversa, si los precios de determinada droga caen, la señal es obvia para los productores, y uno, tendrán que ajustar su producción a la baja, y dos, ver qué otra droga alternativa es rentable como para producir más de la misma o de plano cambiar de mercado (efecto producción y sustitución).

  • Cuando los gobiernos luchan frontalmente contra la producción de las drogas, sucederá lo siguiente: disminuirá la oferta como resultado de los distintos decomisos, lo que provocará el alza en los precios de esta droga. A mayores decomisos, mayores precios en la droga. A mayores carteles de la droga desmembrados, mayor violencia por parte de los delincuentes que a toda costa pelean por la “plaza” o el dominio comercial de un mercado negro.

Los precios más altos son una señal clara de que a pesar de los peligros, merece la pena entrar al mercado aún con el riesgo de ir a la cárcel o, peor aún, perder la vida. Por eso la batalla frontal y la prohibición de las drogas simplemente no funcionan, sólo crean el clima propicio para que haya más narcotraficantes dispuestos a arriesgar la vida.

Otra vez y como siempre, los mexicanos nos quedamos rezagados frente a la creciente legalización y modernización de las leyes en materia de drogas. Mientras EU y Canadá avanzan en la legislación y eliminan prohibiciones de manera creciente, en nuestro país otra vez el gobierno se queda vacilante y a la zaga, tal como ha pasado con la reforma energética, de verdad, el gobierno mexicano no aprende.

Y como siempre, los ciudadanos seguiremos pagando los platos rotos ante la violencia creciente ejercida por los narcotraficantes.

• Drogas


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Si le sacas $5000 a un tipo que trabaja y les das $1000 a cinco tipos que no trabajan, pierdes un voto pero ganas cinco. En el neto ganas cuatro. Ésta es la esfera piramidal más grande de la historia: se llama socialismo. Los que reciben planes no deberían tener derecho a votar.

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