LUNES, 16 DE MAYO DE 2016
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“Es indeseable proveer subsidios crecientes a la educación superior cuando necesidades básicas como la salud pública y la educación básica no tienen la solidez ni material ni humana para funcionar bien.”


Recientemente el Secretario de Educación Pública Aurelio Nuño dio a conocer que el gobierno federal se une a la propuesta del Jefe de gobierno de la Ciudad de México en materia de educación superior. Y el lema es educación universitaria para todos, o al menos para jóvenes que terminen el bachillerato en los estados de Hidalgo, Estado de México, Morelos y en la Ciudad de México. Me temo que esto es una vez más una salida política. No es aumentando la matrícula universitaria per se que los jóvenes tendrán mayor nivel y calidad de vida. Para el gobierno mexicano el aumentar la cobertura universitaria es sólo una medida política que tendrá un nulo impacto en el crecimiento económico, y en cambio, un impacto significativo para el bolsillo de los contribuyentes.

El problema de la educación en México comienza en la educación básica (y la mayoría de los alumnos se encuentran inscritos en este nivel), por lo que sin la mejora en la calidad de educación de los niños, los problemas educativos simplemente se replican en el nivel universitario, con la alta deserción y niveles de competencias pobre. La universidad no puede ser para todos, aun cuando este servidor y los lectores lo deseemos. Ampliar por ampliar la matrícula universitaria ya ha traído enormes decepciones para los jóvenes graduados. Si no se tienen las habilidades necesarias y un mercado laboral robusto, ampliar la matrícula es solo una mera salida política que tiene un nulo impacto en el crecimiento económico y representa un alto costo para los contribuyentes (el gobierno mexicano recientemente aprobó una partida presupuestal de más de doce mil millones de pesos para la educación superior).

Al Presidente de la República y al Secretario de Educación Pública les recuerdo lo siguiente en materia de subsidios a la educación superior:

En la literatura económica se encuentran argumentos en contra de que el Estado sea subsidiario con la educación superior. Los argumentos en contra del subsidio a la educación superior son básicamente de tres tipos: de eficiencia, de equidad y de pragmáticas consideraciones. 

Un primer argumento al subsidio estatal hacia la educación superior tendría que ver con la tasa de retorno. En las estimaciones realizadas se ha encontrado que la tasa social de retorno de la educación superior subsidiada por el gobierno, es más baja que la tasa de retorno privada, por lo tanto se apunta que se deben disminuir los subsidios a las universidades públicas y hacer que más individuos matriculados en éstas enfrenten el costo real de su colegiatura (Psacharopoulos, 1994; World Bank, 1994). 

También se argumenta que los subsidios gubernamentales a la educación superior producen efectos negativos sobre la distribución del ingreso. Se señala que los subsidios gubernamentales a las universidades son regresivos, es decir, se empeora la inequidad del ingreso al transferir recursos de los más pobres hacia los más ricos. Los subsidios a las universidades son “capturados” por los más ricos, que son quienes asisten a la universidad (Psacharopoulos, 1994; Jiménez, 1987; World Bank, 2000, p.80). En todo caso habría que reasignar los subsidios únicamente a los más pobres y no generalizarlo hacia quienes son más ricos (World Bank, 1994). En un país como México, la mayoría de los estudiantes se encuentran inscritos en el nivel básico y es una hazaña si se gradúan de la secundaria. Vaya, hasta Marx estaba en contra de subsidiar a las universidades, pues bien sabía que eso sólo beneficiaba a las familias con más altos recursos.

Un tercer argumento esgrimido contra los subsidios a la educación superior tiene que ver con la condición económica de los países en desarrollo o emergentes. En estos países hay necesidades de política pública más apremiantes como son el combate a la pobreza y al crimen, mejorar los sistemas de salud y en general mejorar la infraestructura existente (Jiménez, 1987).

Otros argumentos son el que refiere Tooley (2000), en el sentido de que los subsidios gubernamentales no son necesarios para promover la equidad y la democracia. De acuerdo a Tooley, hay mucha evidencia de que cuando los subsidios gubernamentales se vuelven demasiado grandes (en especial hacia el sector de la educación superior), las instituciones educativas se vuelven más vulnerables al control gubernamental. Es ineficiente dar subsidios, pues los mismos no ofrecen incentivos a que los recursos sean bien asignados; es indeseable proveer subsidios crecientes a la educación superior cuando necesidades básicas como la salud pública y la educación básica no tienen la solidez ni material ni humana para funcionar bien. 

Me gustaría que los jóvenes tuvieran más oportunidades para realizar estudios universitarios, pero ello debe de hacerse vía calidad y no cantidad. No todos los jóvenes están preparados para realizar estudios universitarios. 

Así que las medidas anunciadas por el gobierno federal son una muestra más de populismo en materia universitaria.

• Populismo • Educación / Capital humano

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