VIERNES, 13 DE OCTUBRE DE 2017
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“Comentarios sobre el trabajo del profesor de la Universidad de Chicago, Robert Thaler, quien acaba de ganar el Premio Nobel en economía anunciado el lunes.”


La Economía del Comportamiento (Behavioral Economics) nació hace cuatro décadas para incorporar al análisis económico clásico –que incluye los supuestos de racionalidad y cabal autocontrol de los agentes económicos–, conceptos que pretenden ser más apegados a la realidad del comportamiento de las personas.

Richard Thaler, profesor de economía de la Universidad de Chicago y uno de los fundadores de este no tan nuevo campo de investigación, acaba de obtener el Premio Nobel en Economía por sus “ideas sobre la psicología humana y nuevos métodos para entender y predecir sus efectos económicos.”

Thaler contrasta su versión “realista” del Humano, como él lo llamó con mayúscula y todo, en contraste con el homo economicus que él bautizó como Econ, el siempre racional prototipo de los modelos tradicionales, mientras que el Humano está lleno de defectos y se porta mal, lo que causa que las predicciones económicas fallen.

El comité del premio ensalzó a Thaler por “empujar la ciencia económica hacia una comprensión más realista de la conducta humana y usar las inferencias resultantes para mejorar las políticas públicas,” como lo muestra en su libro Nudge[1]–que yo traduciría como empujoncito– en el que sugiere cómo los gobiernos pueden inducir a las personas a tomar mejores decisiones sin imponérselas por la fuerza.

¿Es el enfoque propuesto por Thaler un rompimiento con la teoría económica creada en Chicago hace décadas y cuyos más recientes adalides fueron Milton Friedman, George Stigler y Gary Becker? A mi juicio no lo es, sino que representa la evolución natural de la esencia de esa teoría para enriquecerla con nuevas ciencias como la psicología, aunque hay una intensa controversia al respecto.

De hecho, cuando Becker empezó a aplicar la economía clásica a escudriñar temas lejanos a decisiones puramente pecuniarias, como el crimen y su castigo, la educación como inversión en capital humano, la discriminación, el mercado laboral más allá de los salarios, y la familia con su secuela demográfica, fue objeto de graves críticas de quienes creían que la economía nada tenía que ver en tales asuntos.

La esencia del enfoque de Becker, quien fue mi maestro en los 1970s y amigo hasta su muerte en 2014, es que las personas toman decisiones con un propósito, aunque sea equivocado. Ello permite analizar a cualquiera, desde un adolecente enamorado hasta quien por primera vez considera consumir drogas, como personas que evalúan las consecuencias potenciales de sus actos y, por tanto, responden a incentivos.

La crítica que el mundo Beckeriano está repleto de Econs hiper-racionales obsesionados con maximizar su riqueza, no pasa de ser una caricatura pues el propio interés de las personas se determina por un conjunto mucho más rico de valores y preferencias que maximizan su bienestar, independientemente de si son egoístas, altruistas, malévolos, leales, masoquistas o imbéciles.

En este sentido Becker, quien afirmaba que “las acciones (de las personas) están constreñidas por su ingreso, tiempo, mala memoria, poca capacidad de cálculo y recursos limitados”, precedería a Thaler y sus colegas como el pionero de la Economía del Comportamiento, aunque estoy cierto que ambos negarían tan osada afirmación.

Celebro que Thaler haya ganado el Nobel y estoy cierto que seguirá aportando ideas y técnicas creativas para explicar el comportamiento humano con el herramental de la economía clásica, enriquecido con sus aportaciones y con el trabajo empírico permanente que él propone como la esencia de su enfoque.


[1] Nudge: Como mejorar tus decisiones sobre salud, riqueza y felicidad escrito con Cass Sunstein, a la sazón profesor de Derecho en la Universidad de Chicago, Penguin books, 2008.
• Pensamiento económico

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