MIÉRCOLES, 7 DE MARZO DE 2018
Capitalismo para la gente (II)

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El punto sobre la i
“El socialismo es moralmente incorrecto, políticamente autoritario y económicamente imposible.”
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“El problema ahora es cómo dirigir el malestar de la gente para combatir el capitalismo crony y las corruptas elites, ¡sin destruir el sistema de libre mercado!”


En EU el capitalismo ha sido un caso especial al haber nacido sin ninguna influencia extranjera, y sobre de un fértil campo en donde se desarrollaba sin interferencias. Sin embargo, en los países que lo iniciaron en años más recientes, ante una nación tan rica y poderosa en que se había convertido EU y especialista en competir; el temor a la dominación económica de parte de firmas americanas, ha sido un buen pretexto para otorgar privilegios y protección a las elites que controlan los negocios, y a eso le llaman patriotismo. Ahora, las nuevas generaciones de políticos profesionales que nos gobiernan, al ver la forma en que en esos países adquieren el poder con el que ellos sueñan, no pasaría mucho tiempo en que sus tentáculos se hicieran presentes en todas las actividades de la sociedad formando esa fatal mancuerna negocios—política.

Este tipo de arreglos es lo que da vida al cronismo con todos esos vasos comunicantes entre seudo empresarios y políticos corruptos. Los EU era un campo fértil para estas ideas de libertad, las bases del capitalismo, porque se habían beneficiado de la ética protestante que siempre ha considerado la riqueza como una justa recompensa al trabajo, en lugar que un regalo de la suerte, o, inclusive, como lo clasifica la iglesia católica, un vergonzoso pecado. Por estos motivos en EU se desarrolló una poderosa creencia en la promesa de libertad económica y competencia. La noción de que el trabajo duro y honesto tiene recompensa, es parte esencial de la forma en que se ve la vida. La gente tiene claro la prosperidad que ha generado el capitalismo y por eso ha tenido apoyo popular.

Sin embargo, todos estos factores que le dieran vida a ese capitalismo, han estado cambiando. La participación del gobierno en el PIB durante los últimos 30 años se ha triplicado, y su influencia se ha incrementado aún más a través de un irracional crecimiento de las regulaciones. Pero los negocios rápidamente aprendieron la forma de sacar provecho de esta situación para beneficiarse, sin importar la carga que le imponen al país con sus arreglos. En las recesiones cuando el gobierno emerge como salvador con sus estímulos monetarios —emisiones de dinero sin respaldo— en lugar de oponerse y resistir su incursión, luchan para que les toque un pedazo más grande del pastel a repartir. Esto es una clara evidencia de cómo el mundo corporativo se ha hecho experto en ordeñar al gobierno.

El congreso se ha convertido en una ruleta escogiendo ganadores y perdedores entre aquellos que, perdiendo su dignidad, se arrodillan esperando turno ante el grupo de políticos que se han adueñado del proceso de asignación de fondos, en un mercado en donde todo está de venta. El desarrollo de esta práctica ha corrompido no solo la política, también a la sociedad cuando este deformado proceso se ha identificado como capitalismo y la creencia de que los fondos públicos deben promover el desarrollo del sector privado, en un esquema de sociedades público-privadas. Esto ha permitido incrementar el poder de los intereses privados para neutralizar el mercado y continuar jugando con cartas marcadas. Pero a medida que los negocios privados especiales  incrementan su poder sobre la agenda política, el apoyo popular por el sistema de libre mercado ha iniciado su declive. Siendo que este laberinto de complicidades nada tiene de mercado, y mucho menos de libre.    

Cuando la gente pierde confianza en un sistema que consideran injusto e ilegal, surge el populismo y sus movimientos con bandera de la desigualdad, deterioro de la clase media, y un total rechazo a las elites. Y todos estos movimientos están presentes y pujantes en México. Cuando los mercados pierden legitimidad como el medio más eficaz para la asignación de recursos y recompensas, el populismo se convierte en una amenaza para la sobrevivencia del sistema de libre empresa. Y si la gente pierde confianza porque el poder se ha concentrado en las manos de unos cuantos empresarios estatistas y grandes corporaciones, los votantes también rechazan el sistema económico que consideran corrupto, y es cuando la santidad de la propiedad privada se torna insegura. Entonces, cuando los derechos de propiedad no están protegidos, la sobrevivencia del mercado libre está en grave peligro.

En respuesta a la explosión del populismo tan de moda, “los empresarios” han arreciado sus demandas por más privilegios, garantías en los resultados de sus inversiones, y los políticos gustosamente las otorgan. Pero esos privilegios se convierten en la cólera de la gente, siendo que esa misma cólera es lo que inicialmente ha estado provocando el populismo, confirmando el juicio original de que el gobierno y los seudo empresarios que controlan el mercado, ordeñan la ubre estatal a expensas de quienes pagan impuestos y los pequeños negociantes.

Pero, para evitar ser ligados en la mente del público con las compañías que están favoreciendo, los mismos políticos promueven y hasta participan en los asaltos populistas. Esto produce incertidumbre en cuanto al cumplimiento de contratos, la aplicación del estado de derecho, y los empresarios decentes se hacen escasos o desaparecen. Y un mercado manoseado en donde la justicia se vende, deja a los negocios sumergidos en problemas con el único recurso de buscar la ayuda del gobierno, y de esa forma refuerzan el capitalismo crony. Un círculo vicioso del cual es casi imposible escapar.    

El problema ahora es cómo dirigir el malestar de la gente para combatir el capitalismo crony y las corruptas elites, ¡sin destruir el sistema de libre mercado! 

El caso de México no es diferente, una historia de horror en donde, ante los abusos de las elites, surge un mesías cuyas ideas destruyen los incentivos de los participantes en el mercado, y deprimen el crecimiento económico. Pero ahora el mesías llega acompañado de la máxima representación del capitalismo crony, Alfonso Romo. Un hombre que arribara a Monterrey a estudiar en el Tec con una pequeña maleta, para luego contraer nupcias con una nieta de ese gran hombre, Eugenio Garza Sada. Bajo el cobijo de su suegro, Alejandro Garza Laguera, y con su DNA muy programado para el cronismo, haciendo uso de las conexiones de la familia y sus “operaciones gubernamentales”, hizo fortuna para luego traicionar a su suegro y a toda la familia Garza Laguera. Si esos son los empresarios que acompañan al Peje, les garantizo un saqueo del país como nunca se ha visto, pues desde hace tiempo los negocios de Romo están quebrados.

Una fatal combinación entre un mesías que no oculta su admiración por Fidel Castro y Hugo Chávez, y con su término “justicia social”, exige todo a lo que no se tiene derecho. El representante más vil de esa elite empresarial corrupta que ha desangrado al país, responsable de llevar al grupo Monterrey a los brazos del gobierno destruyendo su independencia. A su lado los polluelos del Maquío Clouthier quien, revolcándose en su tumba afirmaría; “ahora sí éstos se atascaron hasta las verijas”. Y al final del desfile la brigada más grande de asalta caminos emergentes de la política, del sindicalismo, de los medios. No me extrañaría que en las siguientes comunicaciones el mesías informe que su Secretario de Hacienda será Humberto Moreira, mientras los negros nubarrones presagiando una grave tormenta, cubren al México agraviado.

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