MARTES, 26 DE MARZO DE 2019
La administración colectiva y democrática de las universidades públicas: en manos de los sindicatos

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“El modelo de universidad pública tal como se ha construido en México ha sido un rotundo fracaso y es tiempo de componerlo y los sindicatos podrían ser los agentes de transformación, para bien de los trabajadores, de los docentes, de los alumnos y de la sociedad mexicana.”


El modelo de universidad pública tal como se ha construido en México ha sido un rotundo fracaso y es tiempo de componerlo y los sindicatos podrían ser los agentes de transformación, para bien de los trabajadores, de los docentes, de los alumnos y de la sociedad mexicana.

El modelo de universidad pública impuesto por los gobiernos anteriores fomentó la construcción de sindicatos para que se desgastaran en una lucha interna estéril, precaria y de perjuicio a los alumnos y colegas. Por un lado, puso a los trabajadores y por el otro a una burocracia dorada de cuello blanco. Ambos son asalariados de quincena, ambos son pagados por la bolsa de dinero que el gobierno le da a cada institución, solo que el dinero no se lo da a los académicos, ni a los investigadores, ni a los administrativos, sino que se lo da a los empleados de cuello blanco, a las llamadas autoridades. Es como si la piñata hubiera caído en las manos de esa burocracia y al resto de trabajadores nos da solo el derecho de hacer sindicatos para pelarles un poco de esa bolsa. De esta forma, los burócratas de cuello blanco se constituyen en “la patronal” es decir, asumen el papel de dueños de las instalaciones y del dinero. Pero son dueños artificiales, pues son simples empleados que ni siquiera tienen la facultad de tomar decisiones correctas para que marche bien la universidad.

Este modelo nos ha metido en una lucha irracional de empleados contra empleados. En algunas universidades se llegan a formar dos o tres sindicatos luchando contra “la patronal” y cuando no está en huelga uno, lo está el otro y de esta manera se pierden enormes cantidades de recursos y se daña a los jóvenes que dejan de recibir educación, a los trabajadores que dejan de percibir salarios y al público por desperdiciar sus recursos. Se levantan las huelgas y nunca quedamos conformes, pues la burocracia de cuello blanco sigue manejando los dineros y sirviéndose con la cuchara grande. Esto no puede seguir así, pues siempre nos pone en la situación de perdedores y todo porque ellos son los que controlan los dineros. ¿Por qué el gobierno les dio esa prerrogativa si se ha visto que nunca aplican bien los recursos? y la prueba del modelo inadecuado son las múltiples huelgas, paros, despilfarros, prepotencia, violencia Y corrupción que viven nuestras instituciones. No podemos aceptar que el rector general sea nuestro patrón de caricatura y que mande a negociar a sus subordinados que carecen de capacidad de negociación. ¡Solo juegan con nosotros, es inadmisible!

Una alternativa podría ser que la junta directiva o un patronato formado por gente ajena a la universidad manejara los recursos, pero tampoco sería correcto pues manejarían recursos que no son suyos y eso conduce a tomar malas decisiones. A veces, con tal de terminar un conflicto de huelga aceptan peticiones imposibles de cumplir y luego tenemos que andar luchando por violaciones a los acuerdos o a los contratos de trabajo. No sirve.

Otra opción podría ser que los dineros fueran entregados y administrados por el sindicato, quizás administrarían mejor y en tal caso, serían los empleados de cuello blanco quienes estarían rogando al sindicato un mejor pago. O a los académicos, quienes son más indispensables para el funcionamiento de la universidad.

Pero la mejor opción es la que intenta el presidente López Obrador con las Estancias Infantiles. En efecto, la idea es que el gobierno no transfiera directamente los recursos a la escuela o universidad, ni al rector, ni a la junta directiva ni al patronato. Más bien, introducir un sistema de subsidio triangulado.

Todo el dinero que tiene programado para una institución se divide entre el número de alumnos y luego entre doce para calcular el costo mensual por estudiante. Luego, el gobierno le daría un cheque, bono o voucher intransferible para que el alumno pague en la escuela, facultad o universidad donde está estudiando. No puede gastarlo en la tienda ni en la cantina, solo sirve para pagar colegiatura en la universidad pública de su preferencia.

La universidad por medio de un personaje acreditado, quizás el rector recibe, digamos mil vouchers en enero, mismos que cambia por dinero en efectivo. Regresa a la escuela para reunir a todos los involucrados a decidir la distribución del ingreso.

Con este nuevo sistema de financiamiento a las escuelas públicas se pone en un piso parejo a todos los trabajadores, administrativos y funcionarios y de manera colectiva y democrática se deciden los sueldos de profesores, administrativos y rectores de cada universidad. No solo se decidiría colectivamente los sueldos de todos, sino también la cantidad que se dedique a la cultura, al mantenimiento, crecimiento y desarrollo de cada escuela. Pero serían decisiones colectivas y democráticas. Esto permitiría que no se usen mal los recursos.

Si se observa bien, es un nuevo sistema de educación gratuita ya que el alumno está pagando la colegiatura pero no de su bolsillo, sino del cheque que le está dando el gobierno cada mes. Las escuelas siguen siendo públicas en el sentido de que pertenecen al gobierno federal o estatal, según sea el caso. Si una institución trabaja bien, puede captar más vouchers y darse salarios más altos, sin esperar a que el gobierno o un rector le de la gana de dar un incremento de sueldo.

Este nuevo sistema de subsidio a la demanda rescata la autonomía financiera de cada institución, el gobierno ya no impondría “topes salariales” ni etiquetaría cada peso y centavo. Pero requiere que a la universidad pública se le otorgue total autonomía administrativa y académica a fin de que pueda mejorar constantemente los planes y programas de estudio para formar mejores profesionistas. Prácticamente funcionaríamos como una cooperativa educativa de nivel universitario.

Hoy día, los sindicatos pueden apoyar esta propuesta del presidente de México. Tienen la fuerza política suficiente y los argumentos, sólidos y profundos. Todos saldríamos ganando y evitamos que las viejas autoridades jueguen con nuestros intereses, violen los acuerdos y nos sigan imponiendo sus fechorías como si fueran propietarios de la universidad, siendo que son simples empleados de cuello blanco. Ya no tendríamos necesidad de hacer huelgas. Los alumnos ya no saldrían perjudicados por falta de clases y seguro apoyarían esta propuesta que nada les cuesta.

En verdad, estamos en el momento histórico donde los sindicatos podemos componer lo que no han podido hacer los gobiernos anteriores. Atrevámonos a luchar por el voucher educativo y la dirección colectiva y democrática, dándonos los beneficios que nos merecemos y sin que nos impongan límites burocráticos del Estado. Esta propuesta puede ser una gran aportación para México.

LOS SINDICATOS PODEMOS LOGRAR LA ADMINISTRACIÓN COLECTIVA Y DEMOCRÁTICA DE LAS UNIVERSIDADES PÚBLICAS.

• Educación / Capital humano • Sindicatos

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