VIERNES, 23 DE JUNIO DE 2006
Polarización suicida

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


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Manuel Suárez Mier







“El maniqueísmo de AMLO dividirá al país entre sus aliados y sus enemigos. No habrá terreno intermedio o posibilidad de diálogo. Ocurrirá lo mismo que en España antes del inicio de su guerra civil. La gente sólo podrá elegir si está a favor o en contra de AMLO, y sufrir las consecuencias.”


Antes de la guerra civil española los extremos del espectro ideológico, comunistas y fascistas, eran una fracción mínima de la población –1 ó 2 por ciento cuando mucho- como hoy ocurre en México dónde los verdaderos sectarios del PAN y del PRD representan una minoría muy reducida.

 

Habemos quienes no comulgamos con postulados de los dos partidos punteros pero como yo aspiro a ser genuinamente liberal, me parece inaceptable que el candidato del PRD amenace la libertad individual con su falta de respeto por la ley y los derechos humanos y de propiedad que él quebranta sistemáticamente.

 

Aunque por comparación parezcan pecados veniales, tampoco apoyo la posición del PAN de involucrar al gobierno en limitar la libertad personal en temas como los derechos reproductivos, el libre albedrío de elección religiosa y conyugal, o la alianza de congregaciones devotas con el poder político.

 

Hoy la gran mayoría de los mexicanos no se identifica ideológicamente con ninguno de los extremos y no se puede considerar socialista aunque le guste recibir regalos y subsidios del gobierno. La gente desea la oportunidad de hacer fortuna y es de un individualismo profundo y arraigado.

 

Tampoco está de acuerdo en que el gobierno se meta en asuntos personales o familiares y a pesar de una vocación Guadalupana –más que católica- que raya en el fanatismo, la mayoría de los mexicanos prefiere que gobierno e iglesia se mantengan separados como lo han estado desde las leyes de la Reforma.

 

Como lo resumió con soberbio sentido del humor el gran economista catalán Xavier Sala-i-Martin, “¡que no me toquen la cartera ni la bragueta! La derecha mete la mano en la bragueta. La izquierda, en la cartera.”

 

En las circunstancias que México enfrenta hoy, estoy convencido, sin embargo, que la única opción sensata para evitar seguir profundizando la polarización suicida de la población la ofrece Felipe Calderón como Presidente, a pesar de mis objeciones a algunos planteamientos de su partido.

 

La campaña de enfrentar a ricos contra pobres de López Obrador pone en entredicho el predominio del estado de Derecho y exacerba el odio de clases sociales y el deseo de revancha, lo que ha resultado en amenazas a quienes criticamos el fanatismo y la pésima calidad de las propuestas de su líder.

 

Si López Obrador llega a la presidencia ya sea por ganar en las urnas o por el chantaje violento que planea en caso de ser derrotado, alentará mayor polarización de la población y utilizará la información que tiene el gobierno como declaraciones de impuestos, para calumniar y enlodar a sus enemigos políticos como lo hizo con el cuñado de Felipe Calderón.

 

El maniqueísmo de AMLO dividirá al país entre sus aliados y sus enemigos. No habrá terreno intermedio o posibilidad de diálogo. Ocurrirá lo mismo que en España antes del inicio de su guerra civil. La gente sólo podrá elegir si está a favor o en contra de AMLO, y sufrir las consecuencias.      

 

En esas circunstancias los mexicanos tendríamos decisiones muy difíciles que tomar. ¿Emigrar o quedarnos a dar la pelea? ¿Emprender la resistencia pasiva frente a la previsible persecución y represión gubernamental? ¿Intentar la resistencia activa ante la violencia y los abusos de autoridad que ocurrirán?

 

Así, México se encaminaría a un régimen autoritario e intolerante aunque persiste la duda si la polarización creciente culminaría en guerra civil como en España en 1936, en golpe de Estado como en Chile en 1973, o en una prolongada dictadura personalista como las de Chávez y Castro en Venezuela y Cuba.

 

La única opción es votar por el auténtico demócrata Felipe Calderón y defender su eventual victoria con todo.


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