Sólo para sus ojos
Feb 12, 2007
Juan Pablo Roiz

Pachorra, populismo disminuido y escenografía

Algunos ilusos esperábamos más sustancia y menos escenografía de Felipe Calderón. Menos coqueteo con el electorado que votó por el de las tres P y más cumplimiento al electorado que votó por un país audazmente incrustado en el futuro, no indolentemente anclado en la retórica del pasado.

En alguno de sus “dardos” recientes la misteriosa Clotilde, a quien imagino distinguida y mordaz, habló de cierta “venita populista” del actual gobierno de Felipe Calderón. Quién sabe si debamos alarmarnos por esos desplantes aislados de populismo que son primos hermanos de algunos desplantes aislados de autoritarismo –como esa ocurrencia peregrina y fallida de prohibir la emisión en televisión de alguna pieza propagandística del PRD acerca del PPPP, Presidente-Peje-Pato-Purific-, o simplemente tomarlos como anécdotas de un gobierno que se estrena y en el que, como siempre sucede, se han colado dos o tres incompetentes llenitos de buenas intenciones y faltos de criterio. Quién sabe, repito…

 

Analicemos. Los principales deslices populistas se han dado en el asunto de los precios del maíz y de la tortilla. Las acciones gubernamentales –salvo la de aumentar los cupos de importación de maíz- han ido más bien en la línea de complacer a las galerías: Un dizque pacto con aroma a control de precios, declaraciones tronantes en contra de los especuladores, insinuaciones maliciosas de que tal empresa o tal otra tuvo la culpa porque incurre en prácticas monopolísticas (que nadie ha podido explicar o demostrar, por cierto) y, para colmar el plato, teatrales embargos de toneladas de maíz por parte de la PGR, asesorada por la Procuraduría Federal del Consumidor, a presuntos acaparadores. Este último numerito ya rebasó el límite de la demagogia y el histrionismo que cualquier persona sensata le puede permitir a su gobierno. Resultó que más de la mitad del maíz embargado ya estaba comprado –lo mostraron los presuntos acaparadores con las facturas en la mano- y que el resto forma parte de los inventarios absolutamente normales que se realizan en los mercados de granos para que los mercados funcionen. Pero la pésima señal ya se envió: Los señores encargados de estos asuntos en el gobierno de Calderón no entienden ni lo más elemental del funcionamiento de los mercados, por no hablar de sus precarios conocimientos de las leyes y del entramado jurídico.

 

Otro desliz populista, que comenté en su momento, fue el gastado discurso –con aroma del medioevo priísta, años sesenta y setenta- de hermandad latinoamericana, que el Presidente Calderón se aventó en Nicaragua, asistiendo a la toma de posesión del impresentable pillo que se llama Daniel Ortega. (¿Ya se nos olvidó la “piñata” que hicieron los sandinistas para beneficiarse en lo personal con bienes expropiados a los “ricos”?, ¿ya se nos olvidó la fastuosa colección de anteojos adquiridos en Nueva York por el mismo Ortega?, ¿ya se nos olvidó el desastre que fue en todos los órdenes, desde la falta de respeto a los derechos humanos hasta la impúdica manipulación de la economía, pasando por las expropiaciones ilegales, el gobierno sandinista?), desliz que muchos justifican argumentando que nunca está de más echarle unos guiños a la izquierda y que en eso consiste, entre otras cosas, la diplomacia.                         

 

Hay quien dice, con toda sensatez, que sería imprudente e injusto evaluar a este joven gobierno por estos tropiezos aislados. Concedido. Démosle el beneficio de la duda. Vamos a la sustancia, no a las anécdotas.

 

La sustancia es que México requiere a gritos un conjunto de reformas estructurales, empezando por la reforma fiscal. Hasta los primeros días de enero en esa materia las cosas parecían ir sobre ruedas. Se nos hizo creer que apenas iniciaran los legisladores su siguiente período de sesiones llegarían enjundiosos, enfáticos, decididos, patriotas, iluminados y brillantes a poner manos a la obra. Trabajarían en armonía ejemplar con el poder ejecutivo, con la Secretaría de Hacienda sobre todo, para entregarnos a la brevedad posible una reforma fiscal integral que estimulase de veras el crecimiento económico, el trabajo, la creación de empleos, la generación de riqueza (que, ojo, sigue siendo el mejor método para combatir la pobreza), incorporase a la economía formal a los abusivos que no pagan impuestos, terminase con los privilegios, con los regímenes tributarios de excepción, con los tratamientos especiales. Tendríamos por fin, esperábamos, impuestos bajos y parejos. Pero no…

 

Ahora resulta que el PRI no está tan entusiasmado con el asunto, que le tiene miedo a los llamados costos políticos (en realidad le tiene miedo a todas sus clientelas políticas a las que una reforma fiscal seria podría afectar) y que no está dispuesto a hacerle el trabajo al gobierno. Bien. ¿Y qué responde el gobierno? Que bueno, que no hay que preocuparse por los costos políticos, que nadie quiere sacar una reforma ideal sino una reforma posible, que no se trata de dar “campanazos” sino de ir con toda calma y parsimonia viendo lo que se puede hacer, lo que sea la voluntad de los legisladores y lo que sea viable, para sacar una reforma de a poquitos…, que no se sienta, que no altere a nadie, que no asuste… Por si este mensaje no bastase, algunos legisladores del PAN (que hasta donde sé es el partido al que pertenece el Presidente de la República) dicen que el asunto es tan complejo y delicado que ni soñar con que salga adelante en un futuro próximo…

 

Todo eso se llama en buen español pachorra. Indolencia, tardanza, flema. La combinación no augura un futuro brillante o luminoso: Populismo medroso más pachorra declarada. Pero eso sí, mucha estrategia de comunicación, mucho alarde de autoridad, mucha marcialidad y banda presidencial al pecho, mucho apapacho a doña Elba Esther, mucha austeridad de dientes para afuera, mucho águila nacional completita en el escudo, mucha fotografía oficial en cada despacho…

 

Sin duda estaríamos mucho peor con el de las tres P (Peje-Pato-Purific), pero algunos ilusos esperábamos más sustancia y menos escenografía de Felipe Calderón. Un poquito más de decisión donde de veras cuenta. Menos coqueteo con el electorado que votó por el de las tres P y más cumplimiento al electorado que, contra viento y marea, votó por un país audazmente incrustado en el futuro, no indolentemente anclado en la retórica del pasado.

 

Ni modo, así es la política y eso nos pasa por ilusos…

• Populismo


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